10.10.11

A ilusão de que o Egipto mudou

La primavera de Egipto acabó con Hosni Mubarak, sus dos hijos y con los ministros más evidentemente corruptos; el resto del régimen sigue en pie, intacto, con el mariscal de campo Mohamed Husein Tantaui al frente de una junta de generales. No hubo juicios a los militares que reprimieron y torturaron. La salida de Mubarak del poder en febrero creó la ilusión del cambio.
Los gravísimos incidentes de ayer, al menos 24 muertos y más de 200 heridos, durante una manifestación de la minoría copta (10% de la población) en el barrio de Maspero de El Cairo muestran la fragilidad de la situación. A la marcha del domingo se sumaron cientos de personas no coptas descontentas por la lentitud del cambio. Los coptos acusan al Ejército de violencia indiscriminada. Hay vídeos que lo demuestran, como estos publicados en el 3Arabwy. La crónica de Associated Press firmada por Maggie Michael, muy criticada en Twitter, ofrece una versión diferente: los manifestantes también atacaron a los militares. Ahran Online denuncia el asalto a una televisión para censurar un programa de debate.
En The Arabist, uno de los blogs de referencia en la zona, acusa a la televisión estatal de haber actuado como en los tiempos de Mubarak, manipulando la información. También advierte del creciente radicalismo de algunos jóvenes musulmanes que gritaban consignas anticoptas y da cuenta de agresiones a esta minoría. La BBC ofrece un mapa de los cristianos en Oriente Próximo, que han sufrido ataques, sobre todo en Irak. El diario libanés The Daily Star se centra en el peligro de choques sectarios, aunque la crónica de su corresponsal cuenta que una marcha pacífica fue atacada por los militares.
The New York Times asegura que se trata de los incidentes más graves desde febrero, peores que el ataque a la embajada israelí. Jack Shenker en el británico The Guardian informa de que los incidentes son parte de un descontento general, de musulmanes y cristianos contra el régimen militar. También publica una galería de fotos y acusa a los militares de uso excesivo de la fuerza.

Ramón Lobo/El País

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